POSTRE EXOTICO
Llegué a la hora acordada, ni un minuto más, ni un minuto menos. Puntual, siempre puntual.
En la entrada me aguardaba el hombre de seguridad, vestido de negro, con un arma bajo el saco, y una radio en la mano.
Me saludó con los ojos, yo le devolví el saludo asentando con la cabeza. Me acompañó hasta el gran salón de eventos, donde ya me estaban esperando.
Crucé la puerta, hasta llegar al medio del salón.
Me detuve, y observé la decoración. Sobrio, bonito, elegante, me gustó.
De pronto, los ayudantes se acercaron a mi, y empezaron a desvestirme delicadamente, me desnudaban como si deshojaran una rosa, pétalo por pétalo, realmente me trataron como una flor muy delicada.
Una vez desnuda, el boulanger me dijo "estas lista?", asentí nuevamente con la cabeza, y me colocaron sobre bloques de hielo para enfriar mi cuerpo, luego de 5 minutos, cuando mi cuerpo se había enfriado lo suficiente, acercó su cara hasta mis pezones, y pasó la lengua por ellos..y dijo, estan en su punto! e hizo que uno de los ayudantes se ponga en cuatro patas, para que yo pueda subir a la mesa, una vez en ella, me recosté en una gran fuente de plata, reluciente como la luna.
Me acomodaron para que pueda estar lo suficientemente cómoda, y empezaron a trabajar sobre mí.
Cerca a las 12 de la noche, se podían escuchar las voces cada vez mas altas, la bulla, el sonido de las copas, de los cubiertos, la música, la fiesta estaba en su máximo esplendor, fue en ese instante en que anunciaron el momento mas esperado de la noche.
El postre.
Cuatro hombres robustos, hermosos, vestidos de negro, con un antifaz en el rostro, levantaron la fuente donde me encontraba, y caminaron despacio al gran salón, y me colocaron en una mesa, ubicada en el centro.
Podía ver todos los rostros que en esos momentos estaban absortos mirando, todos eran hombres, las edades oscilaban entre los 30 a 50 años, todos hablaban al mismo tiempo, todos querian empezar primero.
Los hombres robustos que me llevaron, fueron los encargados de poner orden, y de decir las reglas, nadie podría usar mas que la boca, el primero que rompa las reglas, sería expulsado y nunca mas podría participar de reuniones similares.
Todos aceptaron las reglas y tomaron sus lugares asignados.
El primero, seria el homenajeado.
El, era un joven que apenas bordeaba los 30, de sonrisa tímida, su mirada se escapaba de mis ojos, los demás hombres empezaron a hacerle barras para que se anime a inaugurar el postre, y fue así, movido por la euforia que empezó.
Bajó sus labios hasta mi ombligo, y empezó a recorrer mi cuerpo con su lengua limpiando la crema que había en su camino, primero se detuvo en mi pezón derecho, donde lo aguardaba una fresa, roja, muy roja, como su excitación, jugó unos segundos con mi pezón, chupando, lamiendo la crema dulce de los bordes, se metió la fresa en la boca junto con mi teta, luego, fue subiendo por mas crema, lamiendo mas, hasta llegar a mi cuello, mi barbilla, mas crema, hasta descansar en mis labios donde le esperaba una cereza, como premio final.
Luego siguió el segundo, empezó lamiendome el dedo gordo del pie, luego lo metió todo en su boca y empezó a jugar con su lengua, lo chupaba metiéndolo y sacándolo varias veces, así cada dedo hasta terminar con el último, el tercero hizo lo mismo pero con los dedos de la mano, el cuarto empezó por la clavícula, subiendo hasta uno de los hombros, el quinto se apoderó del otro pezón ... hasta que los demás hombres no pudieron seguir aguantando su turno y se posicionaron cada uno en una parte de mi cuerpo.
Todos lamían una parte de mi, comiendo las frutas de mi cuerpo, me chupaban, me besaban, me mordían suavemente, todos querían alimentarse de mi, así fue como pude sentir todas las bocas hambrientas, juntarse, lamerme, sentir las lenguas suaves, asperas, calientes, recorrer todo mi cuerpo, hasta dejarme sin rastro de crema.
La excitación iba en aumento, las corbatas empezaban a caer al piso, los sacos también, todos querian participar, todos se apretaban delante de mi, todos...todos...todos...
Fué en ese momento, (en que el hombre deja de ser hombre y se vuelve bestia), en que los hombres robustos con la delicadeza del mundo abrieron mis piernas y dejaron ver mi sexo, depilado completamente, y me empezaron a verter chocolate derretido, tibio aún.
Todos se abalanzaron sobre mi, todos querian lamer del chocolate, todos querian lamer mi sexo, me lamian, pasaban su lengua suavemente, otros la pasaban haciendo movimientos rápidos, llegué a sentir tres lenguas distintas dentro de mi vagina al mismo tiempo, cada una moviendose en direcciones opuestas, otros se turnaron para lamer y chupar mi clitoris, habian quienes lamian de arriba hacia abajo, sin importar pasar por quienes seguian lamiendo,nunca sentí tanto placer como esa noche...
Casi podría decir que los hombres aullaban, me sentía una presa servida en bandeja...y así era..
estaba servida en bandeja de plata, tan reluciente como la luna.
P.D: si desean les puedo dar la receta.










